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el sabroso oficio / del dulce mirar Góngora – ¡Qué difícil es entender la belleza! Günter Eich

jueves, 30 de abril de 2009

Haikus de primavera

Monte Fuji en primavera
(Fot. de Nyx408 / Kylie, 20 años, Australia)



Fue darme la vuelta
y el hombre que cruzaba
se hizo niebla

Shiki



Se alza el Fuji
en plena tierra mía
en plena primavera

Shôu



Inmensidad del campo:
se la traga el faisán
de un solo grito

Yamei



Flor de ciruelo: al subir
el aroma se vuelve
orla de luna

Buson



Sólo se escucha
caer camelias blancas
noche de luna

Rankô



De qué árbol florido
¡qué sé yo! Pero
¡qué olor!

Bashô



Vuelvo ofendido
y en mi jardín el mismo
sauce tranquilo

Ryôta



¡Qué pena arrancarla!
¡Qué pena dejarla!
¡Violeta!

Naojo



(Extraídos de El libro del haiku, de Alberto Silva, Colección Visor de Poesía, 2008)


3 ayes de Dalton Trevisan


La calle XV de Novembro en Curitiba bajo la lluvia.


Tres ayes del autor brasileño Dalton Trevisan (Curitiba, 1925).

29.

La lluvia tacaña cuenta y recuenta sus monedas en las latas del patio.

80.

Del último verano, en el tronco del árbol, la cáscara vacía de una cigarra: oye su canto.


99.

Ese dibujo tan bonito, hija mía, ¿qué es? Ay, mamá. ¿No lo ves? Es el ruido del cielo al despertar.

(Del libro 111 ais, L&PM Pockett, vol. 200, março de 2000)


29.

A chuva sovina conta e reconta suas moedas nas latas do quintal.


80.

Do último verão, no tronco da árvore, a casca vazia de uma cigarra: ouça o seu canto.


99.

Esse desenho tão bonito, minha filha, o que é? Ai, mãezinha. Você não vê? É o barulho do céu acordando.


(Traducido por El transcriptor)

miércoles, 29 de abril de 2009

Simonetta Vespucci (Antonio Colinas)


Simonetta Vespucci


SIMONETTA VESPUCCI


Il vostro passo di velluto
E il vostro sguardo di vergine violata.

Dino Campana


Simonetta,
por tu delicadeza
la tarde se hace lágrima,
funeral oración,
música detenida.
Simonetta Vespucci,
tienes el alma frágil
de virgen o de amante.
Ya Judith despeinada
o Venus húmeda
tienes el alma fina de mimbre
y la asustada inocencia
del soto de olivos.
Simonetta Vespucci,
por tus dos ojos verdes
Sandro Boticcelli
te ha sacado del mar,
y por tus trenzas largas
y por tus largos muslos,
Simonetta Vespucci
que has nacido en Florencia.

Antonio Colinas



Simonetta Cattaneo de Vespucci, «la bella Simonetta» (1453-1476), fue una musa italiana del Renacimiento, esposa de Marco Vespucci de Florencia. Fue retratada por Sandro Botticelli en varias ocasiones; la más célebre, en el famoso cuadro El nacimiento de Venus.

A la edad de 15 o 16 años, se casó con Marco Vespucci, hijo de Piero, pariente lejano del famoso explorador y cartógrafo florentino Américo (Amerigo) Vespucci. Fue precisamente a través de la familia Vespucci como ella fue descubierta por el pintor Sandro Botticelli, así como por otros pintores prominentes que visitaban Florencia.

Simonetta murió el 26 de abril de 1476, posiblemente de tuberculosis. Era una joven de 22 años. La ciudad entera cayó en un duelo por «la bella Simonetta» y miles de personas siguieron en procesión su ataúd hasta el lugar donde fue sepultada. Botticelli terminó El nacimiento de Venus en 1485, nueve años después. Todas las mujeres de los cuadros de Botticelli se parecen a Simonetta, como se ha visto en muchos retratos póstumos que él pintó de ella. Esto sugiere que él también se enamoró de ella, y se puede corroborar por la petición que hizo de ser enterrado a sus pies en la Iglesia de Ognissanti en Florencia. Así ocurrió en 1510, más o menos 34 años después de la muerte de esta hermosa mujer.

(Wikipedia)



Florencia / Firenze

Catedral de Florencia, Santa Maria del Fiore (Fotografía de Jeffrey Rasmussen)


Fotografía de Juan Pablo Ruiz C.


Fotografía de Pablo Danelutto

martes, 28 de abril de 2009

El mundo sumergido (J.G. Ballard)


El pasado 19 de abril falleció el escritor británico de ciencia ficción James Graham Ballard (1930). Había nacido en Shangai, y durante la Segunda Guerra Mundial fue encerrado junto con su familia en un campo de concentración japonés, experiencia que relataría en su obra El imperio del sol, propuesta para el Booker Prize, ganadora del Guardian Fiction Prize y que más tarde llevaría al cine Steven Spielberg en la película homónima.

Sus primeros cuentos datan de 1956 y en los años 60 se convierte en uno de los autores de referencia de la llamada nueva ola de la ciencia ficción inglesa. Su literatura desarrolla la problemática del siglo XX, ya sean las catástrofes medioambientales o el efecto en el hombre de la evolución tecnológica.

En su primera novela, El mundo sumergido (1962), imagina las consecuencias de un calentamiento global que provoca que los casquetes polares se derritan. Veamos el comienzo de esta novela.


1- En la playa del Ritz

Pronto haría demasiado calor. Kerans se asomó al balcón del hotel, poco después de las ocho, y observó cómo el sol subía detrás de las matas espesas, las gimnospermas gigantes que se amontonaban sobre los techos de los almacenes abandonados, a cuatrocientos metros de distancia, en el lado oriental de la laguna. El implacable poder del sol atravesaba las frondas tupidas y oliváceas, y los rayos refractados y romos martilleaban el pecho y los hombros desnudos de Kerans, que transpiraba ahora. Kerans se puso un par de lentes oscuros, protegiéndose los ojos. El disco solar no era ya una esfera definida, sino una vasta elipse creciente que se extendía en abanico a lo largo del horizonte oriental, como una colosal bola de fuego, transformando con sus reflejos la superficie plúmbea e inerte de la laguna en un brillante escudo de cobre. Al mediodía, cuatro horas más tarde, el agua parecería un fuego encendido.

Normalmente, Kerans se despertaba a las cinco, y llegaba al laboratorio biológico a tiempo para trabajar cuatro o cinco horas antes de que el calor fuese intolerable, pero esta mañana se resistía a abandonar el refugio herméticamente cerrado y fresco de las habitaciones del hotel. Había empleado dos horas sólo en el desayuno, y luego completó seis páginas de su diario, retrasando deliberadamente la partida hasta que el coronel Riggs pasase por el hotel en la lancha, sabiendo que entonces sería demasiado tarde para ir al laboratorio. El coronel tenía la costumbre de quedarse charlando una hora, principalmente cuando podía animarse con unas pocas rondas de aperitivos, y no se iría antes de las once y media, hora del almuerzo en la base.

Por alguna razón, no obstante, Riggs se había retrasado. Quizá había dado un rodeo más largo que de costumbre por las lagunas próximas, o esperaba a que Kerans llegara al laboratorio. Durante un instante Kerans pensó en tratar de comunicarse con Riggs mediante el transmisor de radio del salón, pero el aparato estaba sepultado bajo una pila de libros, y tenía la batería descargada. La primera emisión matutina de alegres canciones populares y noticias locales —el ataque de dos iguanas a un helicóptero la noche anterior, los últimos informes sobre temperatura y humedad— se había interrumpido bruscamente, y el cabo encargado de la estación de radio en la base le había protestado a Riggs. Pero el coronel sabía que Kerans deseaba cortar, inconscientemente, todo lazo con la base —el cuidadoso descuido de la pila de libros que ocultaba el aparato contrastaba de un modo demasiado obvio con el orden minucioso de Kerans en todo lo demás— y aceptaba con tolerancia esa necesidad de aislamiento Kerans se apoyó en la barandilla del balcón —el agua estancada, diez pisos más abajo, reflejó los hombros angulosos y el perfil aguileño— y observó una de las innumerables perturbaciones térmicas. La tempestad irrumpía en un monte de helechos enormes, a orillas del arroyo que nacía en la laguna. Atrapadas entre los edificios de alrededor y los estratos de inversión a treinta metros sobre el agua, las bolsas de aire se calentaban rápidamente y estallaban subiendo como globos aerostáticos, dejando detrás un vacío que detonaba de pronto. Las nubes de vapor que flotaban sobre el arroyo se dispersaban en unos pocos segundos, y un violento tornado en miniatura azotaba las plantas de veinte metros de altura abatiéndolas como cerillas. Luego, también bruscamente, la tempestad se desvanecía, y las grandes columnas de los troncos flotaban juntas en el agua como caimanes perezosos.


lunes, 27 de abril de 2009

Sinfonía de cuna (Nicanor Parra)

Nicanor Parra


SINFONÍA DE CUNA

Una vez andando
Por un parque inglés,
Con un angelorum
Sin querer me hallé.

Buenos días, dijo,
Yo le contesté,
-Él en castellano,
Pero yo en francés.

Dites-moi, don ángel.
Comment va monsieur?

Él me dio la mano,
Yo le tomé el pie,
¡Hay que ver, señores,
Cómo un ángel es!

Fatuo como el cisne,
Frío como un riel,
Gordo como un pavo,
Feo como usted.

Susto me dio un poco
Pero no arranqué.

Le busqué las plumas,
Plumas encontré,
Duras como el duro
Cascarón de un pez.

¡Buenas con que hubiera
Sido Lucifer!

Se enojó conmigo,
Me tiró un revés
Con su espada de oro,
Yo me le agaché.
Angel más absurdo
Non volveré a ver.

Muerto de la risa
Dije good bye sir,
Siga su camino,
Que le vaya bien,
Que le pise el auto,
Que le mate el tren.

Ya se acabó el cuento,
Uno, dos y tres.


Nicanor Parra nació en una familia humilde de campesinos el 5 de septiembre de 1914. Ha estado varias veces nominado al premio Nobel (en 1995, 1997 y 2000).  A Parra se le atribuye la antipoesía, una expresión literaria que rompe con los cánones tradicionales de la lírica. Una de sus obras más reconocidas es Poemas y Antipoemas, donde remplaza una sintaxis cuidada y metafórica por un lenguaje cotidiano y directo. "Sinfonía de cuna" es el primer poema de ese libro.


Yo no tengo nada


Esperanza (Fotografía de Rui Farinha)

Hace unos días, en un programa de la serie de monográficos "Sólo canciones" de Radio Clásica, escuchamos en el dedicado a las músicas de África (miércoles, 23:30-0:00) una bonita coladeira de la isla caboverdiana de Sal.

El guionista y presentador del programa, el compositor y etnomusicólogo Polo Vallejo, tradujo parte de la letra original en crioulo, y no podemos por menos que traer esos tres versos aquí, que denotan una clara actitud ante la vida.

Manuel, yo no tengo nada,
pero por no tener,
yo no tengo ni miedo.




domingo, 26 de abril de 2009

Libros, por El Roto


El Roto
da hoy una visión más optimista del libro que la del pasado día 23. El libro como tabla de náufrago, como algo a lo que agarrarse para mantenerse a flote.



Yoda Navarrete







Ya quisiéramos tener una moleskine como la de la joven ilustradora mexicana Yoda Navarrete ("Lady Orlando"). Es muy posible que vuelva por este blog porque nos gusta mucho.


sábado, 25 de abril de 2009

Revolução e solidão

Fotografía de Tomás Alonso


Pintada en una calle de Coimbra:


estava a pensar numa revolução
através do vazamento da palavra solidão


(estaba pensando en una revolución
a través del derramamiento de la palabra soledad)



Grândola, vila morena (José Afonso)


Fotografía de Miguel A. Sánchez Muñoz


Podemos decir que los acordes de esta canción de José Afonso (1929-1987), piedra angular de la canción de su país, sirvieron de marcha fúnebre a la dictadura portuguesa la lejana madrugada del 25 abril de 1974. Fue la Revolución de los Claveles, a Revolução dos Cravos.






GRÂNDOLA, VILLA MORENA


Grândola, villa morena,
Tierra de la fraternidad,
El pueblo es quien más ordena
Dentro de ti, oh ciudad.

Dentro de ti, oh ciudad,
El pueblo es quien más ordena,
Tierra de fraternidad,
Grândola, villa morena.

En cada esquina un amigo,
En cada rostro igualdad,
Grândola, villa morena,
Tierra de la fraternidad.

Tierra de fraternidad,
Grândola, villa morena,
En cada rostro igualdad,
El pueblo es quien más ordena.

A la sombra de una encina
De la que no sabía su edad
Juré tener por compañera,
Grândola, tu voluntad.

Grândola, tu voluntad
Juré tener por compañera
A la sombra de una encina
De la que no sabía su edad.


José Afonso





GRÂNDOLA, VILA MORENA

Grândola, vila morena,
Terra da fraternidade,
O povo é quem mais ordena
Dentro de ti, ó cidade.

Dentro de ti, ó cidade,
O povo é quem mais ordena,
Terra da fraternidade,
Grândola, vila morena.

Em cada esquina um amigo,
Em cada rosto igualdade,
Grândola, vila morena,
Terra da fraternidade.

Terra da fraternidade,
Grândola, vila morena,
Em cada rosto igualdade,
O povo é quem mais ordena.

À sombra duma azinheira,
Que já não sabia a idade,
Jurei ter por companheira,
Grândola, a tua vontade.

Grândola, a tua vontade
Jurei ter por companheira,
À sombra duma azinheira
Que já não sabia a idade.





viernes, 24 de abril de 2009

Riesgos de la lectura (Clifford Harper)

"Mujer leyendo", de Clifford Harper

Clifford Harper (1949) es un artista que se describe a sí mismo como un "anarquista comprometido" y dibujante. Nació en Chiswick, Londres, Inglaterra. Fue expulsado de la escuela con 13 años y puesto en libertad condicional con 14, después de lo cual trabajó en una serie de lo que él describe como "trabajos poco importantes". Activista en el movimiento de okupación y comunal en Londres durante y a partir del final de los años 60, se convirtió en un artista autodidacta. Durante los años 70 fue un ilustrador prolífico para muchas publicaciones radicales y alternativas tales como Undercurrents, Anarchist Review, y su proyecto publicado por él mismo, Class War Comix.



El caballero inexistente (Italo Calvino)


El caballero inexistente (1959) cierra la trilogía Nuestros antepasados de Italo Calvino. Ya hemos leído sobre los dos volúmenes anteriores, El vizconde demediado y El barón rampante.

Agilulfo es un caballero honrado, perfeccionista, piadoso y fiel, pero tiene un pequeño defecto: no existe. Dentro de su armadura no hay nadie, tan sólo una voz que reverbera a través del metal. Sin embargo, sirve al ejército del rey Carlomagno, según sus propias palabras: “¡Con fuerza de voluntad y fe en nuestra santa causa!”.




El rey había llegado ante un caballero de armadura toda blanca; sólo una pequeña línea negra corría alrededor, por los bordes; aparte de eso era reluciente, bien conservada, sin un rasguño, bien acabada en todas las junturas, adornado el yelmo con un penacho de quién sabe qué raza oriental de gallo, cambiante con todos los colores del iris. En el escudo había dibujado un blasón entre dos bordes de un amplio manto drapeado, y dentro del blasón se abrían otros dos bordes de manto con un blasón más pequeño en medio, que contenía otro blasón con manto todavía más pequeño. Con un dibujo cada vez más sutil se representaba una sucesión de mantos que se abrían uno dentro del otro, y en medio debía haber quién sabe qué, pero no se conseguía descubrirlo, tan pequeño se volvía el dibujo.

—Y vos ahí, con ese aspecto tan pulcro... —dijo Carlomagno que, cuanto más duraba la guerra, menos respeto por la limpieza conseguía ver en los paladines.

—¡Yo soy —la voz llegaba metálica desde dentro del yelmo cerrado, como si fuera no una garganta sino la misma chapa de la armadura la que vibrara, y con un leve retumbo de eco— Agilulfo Emo Bertrandino de los Guildivernos y de los Otros de Corbentraz y Sura, caballero de Selimpia Citerior y de Fez!

—Aaah... —dijo Carlomagno, y del labio inferior, que sobresalía, le salió incluso un pequeño trompeteo, como diciendo: «¡Si tuviera que acordarme del nombre de todos, estaría fresco!» Pero en seguida frunció el ceño—. ¿Y por qué no alzáis la celada y mostráis vuestro rostro?

El caballero no hizo ningún ademán; su diestra enguantada con una férrea y bien articulada manopla se agarró más fuerte al arzón, mientras que el otro brazo, que sostenía el escudo, pareció sacudido como por un escalofrío.

—¡Os hablo a vos, eh, paladín! —insistió Carlomagno—. ¿Cómo es que no mostráis la cara a vuestro rey?

La voz salió clara de la babera.

—Porque yo no existo, sire.

—¿Qué es eso? —exclamó el emperador—. ¡Ahora tenemos entre nosotros incluso un caballero que no existe! Dejadme ver.

Agilulfo pareció vacilar todavía un momento, luego, con mano firme, pero lenta, levantó la celada. El yelmo estaba vacío. Dentro de la armadura blanca de iridiscente cimera no había nadie.

—¡Pero...! ¡Lo que hay que ver! —dijo Carlomagno—. ¿Y cómo lo hacéis para prestar servicio, si no existís?

—¡Con fuerza de voluntad —dijo Agilulfo—, y fe en nuestra santa causa!

—Muy bien, muy bien dicho, así es como se cumple con el deber. Bueno, para ser alguien que no existe, ¡sois avispado!

Agilulfo cerraba la fila. El emperador había ya pasado revista a todos; dio vuelta al caballo y se alejó hacia las tiendas reales. Era viejo, y procuraba alejar de su mente los asuntos complicados.




jueves, 23 de abril de 2009

El Día del Libro visto por El Roto



A pesar de lo que dice El Roto, nosotros insistimos.



Persiles (Miguel de Cervantes)


¿Qué os parece un argumento como éste?

"La novela cuenta la peregrinación de Persiles y Segismunda desde el norte de Europa hasta Roma. El viaje se enriquece con la diversidad de lugares recorridos, desde la geografía nórdica de la mítica isla Bárbara, Islandia, Noruega, Irlanda y Dinamarca, hasta las tierras ya conocidas de Portugal, España, Francia e Italia. Su complejidad aumenta con la constante aparición de nuevos personajes en el recorrido y con la interpolación de historias particulares en la peripecia de los amantes protagonistas. Y el interés y la intriga de la trama se intensifican por acumulación de arriesgadas navegaciones, naufragios, piraterías, desafíos, batallas, cautiverios, fugas, raptos, encuentros, separaciones y aventuras de toda índole."

Entretenido, ¿no?

Los trabajos de Persiles y Sigismunda, historia septentrional es la última obra de Miguel de Cervantes. De hecho, acabó el prólogo tres días antes de morir. Esta novela bizantina (v. nota abajo)  fue considerada por su autor como su mejor obra; sin embargo, ya sabemos cuál considera la crítica, y los lectores, su obra maestra. El Persiles es básicamente una historia de amor y aventura.

Y como decir 23 de abril es decir Cervantes y decir Quijote, nosotros, para variar, traemos en este día el comienzo de la última obra cervantina.


Voces daba el bárbaro Corsicurbo a la estrecha boca de una profunda mazmorra, antes sepultura que prisión de muchos cuerpos vivos que en ella estaban sepultados. Y, aunque su terrible y espantoso estruendo cerca y lejos se escuchaba, de nadie eran entendidasarticuladamente las razones que pronunciaba, sino de la miserable Cloelia, a quien sus esventuras en aquella profundidad tenían encerrada.

-Haz, oh Cloelia -decía el bárbaro-, que así como está, ligadas las manos atrás, salga acá arriba, atado a esa cuerda que descuelgo, aquel mancebo que habrá dos días que te entregamos; y mira bien si, entre las mujeres de la pasada presa, hay alguna que merezca nuestra compañía y gozar de la luz del claro cielo que nos cubre y del aire saludable que nos rodea.

Descolgó en esto una gruesa cuerda de cáñamo, y, de allí a poco espacio, él y otros cuatro bárbaros tiraron hacia arriba, en la cual cuerda, ligado por debajo de los brazos, sacaron asido fuertemente a un mancebo, al parecer de hasta diez y nueve o veinte años, vestido de lienzo basto, como marinero, pero hermoso sobre todo encarecimiento.

Lo primero que hicieron los bárbaros fue requerir las esposas y cordeles con que a las espaldas traía ligadas las manos. Luego le sacudieron los cabellos, que, como infinitos anillos de puro oro, la cabeza le cubrían. Limpiáronle el rostro, que cubierto de polvo tenía, y descubrió una tan maravillosa hermosura, que suspendió y enterneció los pechos de aquellos que para ser sus verdugos le llevaban.

No mostraba el gallardo mozo en su semblante género de aflición alguna; antes, con ojos al parecer alegres, alzó el rostro, y miró al cielo por todas partes, y con voz clara y no turbada lengua dijo:

-Gracias os hago, ¡oh inmensos y piadosos cielos!, de que me habéis traído a morir adonde vuestra luz vea mi muerte, y no adonde estos escuros calabozos, de donde agora salgo, de sombras caliginosas la cubran. Bien querría yo no morir desesperado, a lo menos, porque soy cristiano; pero mis desdichas son tales, que me llaman y casi fuerzan a desearlo.

Ninguna destas razones fue entendida de los bárbaros, por ser dichas en diferente lenguaje que el suyo; y así, cerrando primero la boca de la mazmorra con una gran piedra y cogiendo al mancebo sin desatarle, entre los cuatro llegaron con él a la marina, donde tenían una balsa de maderos, y atados unos con otros con fuertes bejucos y flexibles mimbres. Este artificio les servía, como luego pareció, de bajel en que pasaban a otra isla, que no dos millas o tres de allí se parecía. 

Saltaron luego en los maderos, y pusieron en medio dellos sentado al prisionero, y luego uno de los bárbaros asió de un grandísimo arco que en la balsa estaba; y, poniendo en él una desmesurada flecha, cuya punta era de pedernal, con mucha presteza le flechó, y, encarando al mancebo, le señaló por su blanco, dando señales y muestras de que ya le quería pasar el pecho. Los bárbaros que quedaban asieron de tres palos gruesos, cortados a manera de remos, y el uno se puso a ser timonero, y los dos a encaminar la balsa a la otra isla.



Nota. La novela bizantina, o libros de aventuras peregrinas, es uno de los principales tipos de prosa narrativa del siglo XVII. En cierta manera, se trata del género antecesor de la moderna novela de aventuras. Según la RAE, es un género novelesco, de aventuras, que se desarrolló en España principalmente en los siglos XVI y XVII, a imitación de autores helenísticos.

La expresión designa un tipo de relato surgido en la literatura griega y cuya estructura y argumento responden a un esquema común: dos jóvenes amantes, que desean casarse, encuentran graves obstáculos que se lo impiden: forzada separación, viajes peligrosos, naufragios, cautiverio, etc. hasta que, finalmente, consiguen la realización de sus anhelos al encontrarse y comprobar, con satisfacción, que su amor ha permanecido fiel y se ha fortalecido en medio de tantas pruebas y contratiempos arriesgados.

(Wikipedia



El embrujo de Shanghai (Juan Marsé)


Para cerrar el día de hoy, tras los difuntos Shakespeare y Cervantes, traemos a un autor vivo y que sigue escribiendo, el novelista barcelonés Juan Marsé (1933), el cual recibió ayer el Premio Cervantes 2008 en Alcalá de Henares.

De su obra hemos elegido El embrujo de Shanghai (1993), que recibió el Premio de la Crítica en 1994 y fue llevada al cine por Fernando Trueba en 2002.


¿Cuál es el argumento de la novela? En la Barcelona de 1948, las apariciones y desapariciones de los maquis ("Guerrilla de resistencia antifranquista durante la posguerra civil española"), que llegan desde el otro lado de la frontera, y el relato de sus aventuras son lo único que anima el ambiente gris de la época más dura de la posguerra. El relato de la aventura de uno de esos héroes míticos, que embarca rumbo a Shanghai para cumplir una arriesgadísima misión entre pistoleros, ex nazis, bellas mujeres y siniestros clubes nocturnos, da sentido a la vida de dos adolescentes, Daniel y Susana, hasta que la realidad les haga despertar del embrujo.



Los sueños juveniles se corrompen en boca de los adultos, dijo el capitán Blay caminando delante de mí con su intrépida zancada y su precaria apariencia de Hombre Invisible: cabeza vendada, gabardina, guantes de piel y gafas negras, y una gesticulación abrupta y fantasiosa que me fascinaba. Iba al estanco a comprar cerillas y de pronto se paró en la acera y olfateó ansiosamente el aire a través de la gasa que afantasmaba su nariz y su boca.

—Y tan desdichada carroña está en la calle, se huele. Pero hay algo más... Sin querer ofender a nadie, se percibe otra descomposición de huevos. ¿No lo notas? —siguió el anciano husmeando su quimera predilecta ayudándose con nerviosos golpes de cabeza, y yo también me paré a oler. El capitán tenía el don de sugestionarme con su voz mineral y sentí un vacío repentino en el estómago y una sensación de mareo.

Así empieza mi historia, y me habría gustado que hubiese en ella un lugar para mi padre, tenerlo cerca para aconsejarme, para no sentirme tan indefenso ante los delirios del capitán Blay y ante mis propios sueños, pero en esa época a mi padre ya le daban definitivamente por desaparecido, y nunca volvería a casa. Pensé otra vez en él, vi su cuerpo tirado en la zanja y los copos de nieve cayendo lentamente y cubriéndole, y luego pensé en las enigmáticas palabras del viejo mochales mientras yo iba andando pegado a sus talones camino del estanco de la plaza Rovira, cuando, al pasar frente al portal número 8, entre el colmado y la farmacia, el capitán se paró en seco por segunda vez y su temeraria nariz, habitualmente desnortada y camuflada bajo el vendaje, detectó de nuevo la pestilencia.

—¿No reconoces esa gran tufarada, muchacho? —dijo—. ¿Tu cándida naricilla maliciada en el incienso de Las Ánimas y en el agrio sudor de las sotanas ya no distingue el hedor...? —Se interrumpió estirando el cuello, resoplando como un caballo nervioso—: ¿A huevos podridos, a mierda de gato? Nada de eso... Ahí, en ese portal. ¡Ya sé lo que es! ¡Gas! ¡Se veía venir esta miseria!

En el interior del zaguán anidaba ciertamente un tufo a miseria casi permanente, pues era refugio nocturno de mendigos, pero el capitán supo distinguir en el acto una pestilencia de otra y además afirmó que el olor a gas no salía de allí, sino de la maltrecha acera que pisábamos, de las grietas donde crecía una hierba rala y malsana.

Él mismo se encargó de alertar al vecindario. Lo comentó en el estanco, en la farmacia y en la parada de tranvías, y aunque sus arranques de locura senil eran bien conocidos, desde ese día todo aquel que pasaba por la acera alta de la plaza y husmeaba el aire, detectaba el olor con sobresalto. Las mujeres se alarmaron y una vecina avisó a la Compañía del Gas.

—Se trata sin duda de una tubería rota que deja filtrar esa mierda —no se cansaba de repetir el capitán Blay en la taberna de la plaza—. Muy peligroso, señores, todos haríamos santamente evitando circular por allí y metiéndonos cada uno en su casa, a ser posible... Y mucho cuidado con encender cigarrillos junto al quiosco, a vosotros os digo, chavales.




Fotograma de la versión cinematográfica 
de El embrujo de Shanghai

Mucho ruido y pocas nueces (Shakespeare)

Beatriz (Emma Thompson) y el signior Benedicto (Kenneth Branagh)  
en un fotograma de la versión cinematográfica de
Much Ado About Nothing

Mucho ruido y pocas nueces (Much Ado About Nothing en la versión original) es una comedia escrita y representada por William Shakespeare en 1598.

Nos encontramos en la corte del gobernador de Mesina —Leonato— quien es el padre de Hero y tío de Beatriz. El príncipe de Aragón viene para visitar a Leonato, con su problemático hermano Don Juan y su amigo Claudio.

El argumento principal es la historia del noviazgo de Claudio con Hero que es arruinado por la intervención de Don Juan y uno de sus seguidores. La situación se complica bastante por la muerte aparente de Hero. Mientras tanto, en la trama secundaria, que es más famosa, vemos que Beatriz y Benedicto comienzan a enamorarse a pesar de su duelo de ingenio perpetuo en el que ellos mutuamente se juran odio. Los dos argumentos se entrelazan con el duelo entre Benedicto y Claudio. Además hay dos policías cómicos locales, Dogberry y Verges, y vemos cuando ellos llegan para exponer el plan de Don Juan y Borachio. Con la revelación de una señora misteriosa viene la reconciliación inevitable y el baile animado.

La obra es más conocida y apreciada por su cómico juego de palabras, desenmascaramientos y personajes menores que por el extenso y poco recordable argumento principal.

Veamos un fragmento de la escena I del Acto Primero.



BEATRIZ.—Por favor, el signior Mountanto ¿ha regresado de la guerra o no?

MENSAJERO.—No conozco a nadie así llamado, señora. Ninguna persona de viso había en el ejército con semejante nombre.

LEONATO.—¿Por quién preguntáis, sobrina?

HERO.—Se refiere mi prima al signior Benedicto de Padua.

MENSAJERO.—¡Oh! Ha regresado, y tan jovial como siempre.

BEATRIZ.—Fijó un cartel aquí en Mesina, retando a Cupido al arco; y el bufón de mi tío, al leer el reto, le contestó por Cupido y le desafió a la saetilla de cazar gorriones. Decidme, ¿a cuántos hombres ha dado muerte y se ha engullido en estas guerras? ¿A cuántos ha matado tan sólo? Porque, a la verdad, yo he prometido comerme todo lo que matara.

LEONATO.—A fe, sobrina, que tratáis con excesiva dureza al signior Benedicto; pero él se desquitará con vos, no lo dudo.

MENSAJERO.—Ha prestado buenos servicios en estas guerras, señora.

BEATRIZ.—Tendríais víveres rancios, y os ayudó a comerlos; es un valentísimo gastrónomo; posee un estómago excelente.

MENSAJERO.—Es también un buen soldado, señora.

BEATRIZ.—Un buen soldado ante una dama; pero ¿qué es frente a un caballero?

MENSAJERO.—Un caballero frente a un caballero, un hombre frente a un hombre, adornado con toda clase de honrosas virtudes.

BEATRIZ.—Eso es, efectivamente; no otra cosa sino un hombre adornado; mas, en cuanto al adorno... Bien, todos somos mortales.

LEONATO.—Señor, no toméis en mal sentido las palabras de mi sobrina. Hay una especie de guerra chistosa entre ella y el signior Benedicto. Jamás se encuentran sin que se entable entre ambos una escaramuza de ingeniosidades.

BEATRIZ.—¡Ay! Nada suele ganar en ello. En nuestra última contienda, cuatro de sus cinco sentidos salieron malparados, y ahora no le queda más que uno para el gobierno de todo su ser. Así que, si le resta ingenio bastante para mantenerse en calor, consérvelo, a fin de distinguirse de su caballo, por cuanto es el único atributo que le queda para pasar por una criatura racional. ¿Quién es ahora su compañero inseparable? Cada mes tiene uno nuevo, que jura ser hermano suyo.

MENSAJERO.—¿Es posible?

BEATRIZ.—Y tan posible. Lleva sus fieles amistades a la moda de su sombrero. Varía siempre a tenor del último figurín.

MENSAJERO.—Noto, señora, que el caballero no está en vuestros libros.

BEATRIZ.—No; si lo estuviese, quemaría mi biblioteca. Pero decidme, os ruego, ¿quién es su íntimo? ¿No hay ahora ningún joven quimerista que quiera hacer con él un viaje a los infiernos?

MENSAJERO.—Las más veces se acompaña del muy noble Claudio.

BEATRIZ.—¡Oh Dios! Se pegará a él como una epidemia. Se contagia con mayor celeridad que la peste; y el que la coge, inmediatamente se vuelve loco. Dios asista al noble Claudio. Si ha contraído la enfermedad Benedicto, le costará por lo menos un millar de libras el verse curado.

MENSAJERO.—¡Quiero ser de vuestros amigos, señora!

BEATRIZ.—Sedlo, buen amigo.

LEONATO.—¡Nunca perderéis el juicio, sobrina!

BEATRIZ.—No, mientras no haga calor en enero.

MENSAJERO.—Don Pedro se acerca.



miércoles, 22 de abril de 2009

Ses Salines (Eva Pau)


Parque Natural de Ses Salines, Ibiza

Nos ha gustado tanto esta fotografía de la amiga Eva Pau (alias TreMenda) que hemos decidido colocarla como fondo de cabecera. Por los pagos de Deviant la encontraréis.

Mo-nó-lo-go mo-no-si-lá-bi-co (Jesús Munárriz)


La peculiaridad de este poema de Jesús Munárriz (San Sebastián, 1940) es que todas sus palabras, desde el título mismo, son monosílabos. Parece que no, pero si probáis a leerlo en voz alta, comprobaréis el ritmo tan curioso de la lectura.


VOZ SIN LUZ

(mo-nó-lo-go m0-no-si-lá-bi-co)

Ya dan las diez. Ya son las diez. Las diez y diez.
¿Por qué se fue la luz del sol? No sé. Chi sa?
En un tris tras, tan de hoz y coz, sin ton ni son
se va la luz sin dar de sí de vez en vez
en un zig zag su son de paz, su paz sin par.
Tan sin por qué.
Se ve que yo no sé por qué se va la luz.
Un sol ¿qué es? Ya fue big bang, big end va a ser.
Su luz da voz a un no sé qué que da de sí
más la que sol, más mi que re, más si que do.
Que sí, que no, que yo no sé qué son sin luz
la sal del mar, el pez del bol, el pie del gol, la cruz del sur.
¿No son tal vez oh sol sin ti más bien un flash?
Las dos, las tres; las tres, las seis; las seis, las diez,
el sol se fue, la voz sin tul ni luz da fin.
Ya no es. Se fue. ¿Al mar? ¿Al sur?
Ya sí que no sé ni qué ver. Me voy. Ciao, ciao.



martes, 21 de abril de 2009

"La luz de una vela cuando está apagada"


La esperanza. "No es lo mismo la esperanza que el optimismo. El optimismo es acaso la consecuencia de un buen pronóstico, sobre la Bolsa, por ejemplo. Pero la esperanza es como la fe, sostiene a la gente incluso en la oscuridad. Es como la luz de una vela". Decía Lewis Carroll: "Quisiera saber de qué color es la luz de una vela cuando está apagada". "Pues eso mismo es la esperanza: la luz de una vela cuando está apagada".

¿Y cómo se prepara uno para tener esperanza?, le preguntamos a Berger. (...) "A ver si le vale esta receta: hay mucha gente en el norte privilegiado que se siente desesperanzada; sus condiciones de vida les han aislado; cada día saben menos sobre lo que deben compartir; han sido apartadas del disfrute de la naturaleza, no saben ni por qué  vuelan las moscas... También les han convencido de que el pasado no existe. Eso les ha quitado la esperanza. Así que saque usted sus propias conclusiones sobre qué habría que hacer para recuperar las esperanzas perdidas."


(De El País)


John Berger (Londres, 1926), crítico de arte, pintor y escritor.

Lewis Carroll, seudónimo de Charles Lutwidge Dodgson (1832-1898), sacerdote anglicano, lógico, matemático, fotógrafo y escritor británico, conocido sobre todo por su obra Alicia en el país de las maravillas.




lunes, 20 de abril de 2009

El discurso de "El gran dictador"


Charles Chaplin en El gran dictador (1940)

El 16 de abril de 1889 nació en Londres Charles Chaplin, la figura más representativa y querida del cine mudo. Mejor celebrar el aniversario de un nacimiento que el de una muerte, ¿no es verdad? Y nosotros lo celebramos con el discurso que pronuncia el personaje interpretado por Chaplin en su primera película hablada, El gran dictador: un pobre barbero judío, doble exacto del dictador Hynkel, que al ser tomado por éste se ve obligado a pronunciar un discurso como si fuese el propio dictador, si bien sus palabras son muy diferentes de las esperadas, claro está. Con ellas exhorta a la humanidad a dejar la mecanización del hombre, las dictaduras, la discriminación, y a recuperar la humanidad.

Según dijo el propio Chaplin, "Si hubiera tenido conocimiento de los horrores de los campos de concentración alemanes no habría podido rodar la película: no habría podido burlarme de la demencia homicida de los nazis; no obstante, estaba decidido a ridiculizar su absurda mística en relación con una raza de sangre pura". El gran dictador estuvo prohibida en muchos países: en España hasta 1975; en Alemania hasta 1998 y en Italia (sin censura) hasta 2002. Increíble, pero verdad.


Breve sinopsis de la película. Un barbero judío que combatió con el ejército de Tomania en la primera guerra mundial vuelve a su casa años después del fin del conflicto. Amnésico a causa de un accidente de avión, no recuerda prácticamente nada de su vida pasada y no conoce la situación política actual del país: Astolfo Hynkel, un dictador fascista y racista, ha llegado al poder y ha iniciado la persecución del pueblo judío, a quien considera responsable de la situación de crisis que vive el país. Paralelamente, Hynkel y sus colaboradores han empezado a preparar una ofensiva militar destinada a la conquista de todo el mundo.


Lo siento.

Pero yo no quiero ser emperador. Ese no es mi oficio, sino ayudar a todos si fuera posible. Blancos o negros. Judíos o gentiles. Tenemos que ayudarnos los unos a los otros; los seres humanos somos así. Queremos hacer felices a los demás, no hacernos desgraciados. No queremos odiar ni ayudar a nadie. En este mundo hay sitio para todos y la buena tierra es rica y puede alimentar a todos los seres. El camino de la vida puede ser libre y hermoso, pero lo hemos perdido. La codicia ha envenenado las armas, ha levantado barreras de odio, nos ha empujado hacia las miserias y las matanzas.

Hemos progresado muy deprisa, pero nos hemos encarcelado a nosotros mismos. El maquinismo, que crea abundancia, nos deja en la necesidad. Nuestro conocimiento nos ha hecho cínicos. Nuestra inteligencia, duros y secos. Pensamos demasiado, sentimos muy poco.

Más que máquinas necesitamos más humanidad. Más que inteligencia, tener bondad y dulzura.

Sin estas cualidades la vida será violenta, se perderá todo. Los aviones y la radio nos hacen sentirnos más cercanos. La verdadera naturaleza de estos inventos exige bondad humana, exige la hermandad universal que nos una a todos nosotros.

Ahora mismo, mi voz llega a millones de seres en todo el mundo, millones de hombres desesperados, mujeres y niños, víctimas de un sistema que hace torturar a los hombres y encarcelar a gentes inocentes. A los que puedan oirme, les digo: no deseperéis. La desdicha que padecemos no es más que la pasajera codicia y la amargura de homres que temen seguir el camino del progreso humano.

El odio pasará y caerán los dictadores, y el poder que se le quitó al pueblo se le reintegrará al pueblo, y, así, mientras el Hombre exista, la libertad no perecerá.

Soldados.

No os entreguéis a eso que en realidad os desprecian, os esclavizan, reglamentan vuestras vidas y os dicen qué tenéis que hacer, qué decir y qué sentir.

Os barren el cerebro, os ceban, os tratan como a ganado y como carne de cañón. No os entreguéis a estos individuos inhumanos, hombres máquina, con cerebros y corazones de máquina.

Vosotros no sois ganado, no sois máquinas, sois Hombres. Lleváis el amor de la Humanidad en vuestros corazones, no el odio. Sólo lo que no aman odian, los que nos aman y los inhumanos.

Soldados.

No luchéis por la esclavitud, sino por la libertad. En el capítulo 17 de San Lucas se lee: "El Reino de Dios no está en un hombre, ni en un grupo de hombres, sino en todos los hombres..." Vosotros los hombres tenéis el poder. El poder de crear máquinas, el poder de crear felicidad, el poder de hacer esta vida libre y hermosa y convertirla en una maravilosa aventura.

En nombre de la democracia, utilicemos ese poder actuando todos unidos. Luchemos por un mundo nuevo, digno y noble que garantice a los hombres un trabajo, a la juventud un futuro y a la vejez seguridad. Pero bajo la promesa de esas cosas, las fieras subieron al poder. Pero mintieron; nunca han cumplido sus promesas ni nunca las cumplirán. Los dictadores son libres sólo ellos, pero esclavizan al pueblo. Luchemos ahora para hacer realidad lo prometido. Todos a luchar para liberar al mundo. Para derribar barreras nacionales, para eliminar la ambición, el odio y la intolerancia.

Luchemos por el mundo de la razón.

Un mundo donde la ciencia, el progreso, nos conduzca a todos a la felicidad.

Soldados.

En nombre de la democracia, debemos unirnos todos.


Charles Spencer Chaplin Jr. (1889–1977) fue un actor, director, escritor, productor y compositor británico.

Con casi 90 películas de cine mudo y sonoro, llegó a convertirse en la figura más representativa del cine mudo, el cual le dio su fama mundial y la consideración de uno de los grandes genios de la historia del cine. Su cine abunda en imágenes clásicas tan conocidas como su propio personaje.

El personaje en torno al cual construyó gran parte de su carrera cinematográfica, y que le dio fama universal, fue el de vagabundo (The Tramp, en inglés; Charlot, en francés, español, portugués, italiano y otros idiomas; Carlitos en Brasil): un hombre con las maneras refinadas y la dignidad de un caballero, vestido con una estrecha chaqueta, pantalones y zapatos más grandes de su talla, un sombrero bombín, un bastón y un característico bigote. Su inconfundible caminar oscilante, una acentuada emotividad sentimental, y un desencanto melancólico frente a la impiedad y a la injusticia de la sociedad moderna, le hicieron emblema de la alienación humana — en particular de las clases sociales emergentes.

domingo, 19 de abril de 2009

Tamara de Lempicka


Tamara de Lempicka, nacida Maria Górska, fue una pintora polaca (Varsovia, 1898; según otras fuentes, habría nacido en Moscú en 1900). Destacó por la belleza de sus retratos femeninos, de pleno estilo art decó. Murió en México en 1980.


"Mi objetivo: nunca copiar. Crear un nuevo estilo, claro, con colores luminosos y percibir la elegancia en tus modelos."


Autorretrato (1925)


sábado, 18 de abril de 2009

Ornato Púrpura


Texto del autor de la fotografía, "Ornato Púrpura" (mejor pinchar en ella, tiene un buen tamaño):


No todo se lo lleva el viento, tal como no sé quién eres, qué esperar de ti, qué vas a querer ser, el viento deja lo que no quieres para que sepas qué no guardar.


Nem tudo leva o vento, tal como não sei quem és, o que esperar de ti, o que vais querer ser, o vento deixa o que não queres para que saibas o que não guardar.


viernes, 17 de abril de 2009

El viejo, el niño y el burro


Existen infinidad de versiones de este cuento de origen oriental en el que un abuelo y su nieto hacen un viaje en burro y se ven expuestos a las burlas de las gentes de los lugares por donde van pasando, según vayan ambos a pie, o uno de ellos montado en el burro, o ambos, y que nos enseña que se debe actuar en la vida conforme juzgue adecuado cada uno y no según lo que dicen los demás, el famoso "qué dirán".


EL ANCIANO, EL NIÑO Y EL BURRO

Un abuelo y su nieto emprendieron un viaje y se hicieron acompañar por un jumento que les hiciera más liviano el recorrido. El niño iba sobre el burro y el abuelo caminaba al lado del animal.

Cuando pasaron por un pueblo, los lugareños empezaron a exclamar:

- ¡Qué vergüenza! ¡Lo que hay que ver! El pobre anciano debe ir a pie, mientras el niño lo hace sobre el burro. ¡Es inadmisible!

Ante tales comentarios decidieron que el abuelo fuera sobre el burro y el niño a pie.

Pasaron por otro pueblo y los habitantes del mismo, al verlos pasar, dijeron:

- ¡Qué falta de caridad! ¡Es inexcusable! El hombre cómodamente viajando sobre el burro y el niñito va a pie.

El abuelo y el niño optaron por subirse al burro y al pasar por una aldea, los aldeanos empezaron a increparles:

- ¡Sois unas malas personas! ¡Qué crueldad! ¡Pobre burro! ¡Los dos subidos sobre él! ¡Mereceríais que os diéramos una paliza!

Entonces el abuelo y el nieto decidieron caminar junto al animal, sin montarlo. A pasar por otro pueblo, la gente se burló de ellos:

- ¡Qué par de tontos! ¡Vaya bobos! ¡Tienen un burro y van a pie! Son estúpidos donde los haya.

Mientras los tres seguían impasibles su camino, el anciano le dijo al muchacho:

- Querido nieto, ¡ojalá las personas fueran tan fieles y bondadosas como ese animal que nos acompaña! Pero saca de esto una lección para tu vida: siempre habrá gente desaprensiva que nos criticará.

Ramiro A. Calle. El gato astuto y otros cuentos para el espíritu. Ed. Oberon Puck.


Otra cara de la misma moneda. Veamos ahora una versión de este cuento en verso:


EL VIEJO, EL NIÑO Y EL BURRO  (Fábulas infantiles de Miguel Agustín Príncipe)

Iban un viejo y un chico
por esos mundos de Dios,
y acompañando a los dos
iba también un borrico.

El vejete ya encorvado,
iba a pie con mucha paz,
y mientras tanto el rapaz
iba en el burro montado.

Vieron esto ciertas gentes
de no sé qué población,
y con acento burlón
exclamaron impacientes:

-¡Mire usted el rapazuelo
y qué bien montado va,
mientras de viejo que está
andar no puede el abuelo!

¿No era mejor que el chiquillo
siguiera a pie de reata,
y que el viejo que va a pata
montara en el borriquillo?

El anciano que esto oyó,
dijo al muchacho: -Discurro
que hablan bien: baja del burro,
que vaya montado yo.

El niño, sin impugnarlo,
bajó del asno al instante,
y echó a andar, mientras boyante
iba el abuelo a caballo.

-¡Vaya un cuadro singular
y un chistoso vice-versa!
(dijo otra gente diversa,
que así los vió caminar):

¡Mire usted el viejarrón
y cómo va cabalgando,
mientras el chico va dando
tropezón tras tropezón!

¿No era mejor que el vejete,
¡maldito sea su nombre!,
fuese a pie, que al fin es hombre,
y no el pobre mozalbete?

-¡Alabado sea Dios!
dijo el viejo para sí:
¿Tampoco les gusta así?
¡Pues nada! a montar los dos.

Esto dicho, de la chupa
tiró al muchacho, y subióle
de un brinco arriba, y montóle
muy sí señor en la grupa.

-¡Perfectamente! exclamaron,
soltando la taravilla,
los de otro lugar o villa
con los cuales se encontraron:

¿Habrá cosa más bestial,
aunque sea pasatiempo,
que montar los dos a un tiempo
en ese pobre animal?

¿No era mejor, voto a bríos,
que alternasen en subir,
y no que el burro ha de ir
cargado así con los dos?

-Cosa es que ya me encocora,
exclamó el viejo bufando:
bajemos los dos … ¡y andando!
A ver qué dicen ahora.

Y uno y otro descendieron.
y a pie empezaron a andar,
y… -¡Bien! ¡muy bien! ¡vaya un par!,
otras gentes les dijeron:

¿Es posible que se dé
quien así busque molestias?
¡Qué majaderos! ¡qué bestias!
Tienen burro, y van a pie.

Cargado entonces del todo,
dijo el viejo: -¡Voto va!
¿Conque no podemos ya
acertar de ningún modo?

Hagamos lo que nos cuadre,
sin hacer caso el menor
de ese mundo charlador,
llore o ría, grite o ladre.

Esté limpia la conciencia,
que es el deber principal,
y en lo demás cada cual
consulte su conveniencia.

Por nada, pues, ya me aburro
en un mundo tan ruin:
Conque… arriba, chiquitín,
que es lo mejor.-¡Arre, burro!